domingo, 3 de mayo de 2020

Trekking en Apolobamba (Bolivia)

#YoMeQuedoEnCasa

Queridos lectores, continuamos desde casa actualizando el blog. Si no podemos ir a las montañas, pues traemos las montañas a casa. No es lo mismo, pero al menos conseguimos viajar durante unos minutos y salir de nuestras pequeñas casas para sumergirnos en la inmensidad de las montañas.


Hoy os contamos nuestra experiencia de trekking en el macizo de Apolobamba (Bolivia). Se trata de un viaje que realizamos en julio de 2007. Esta actividad la realizamos hace 13 años, por lo que no puedo dar demasiada información veraz. Aportaré los datos que recuerde, y eso si, aportaré un buen reportaje fotográfico de todo el trekking. El trekking lo realizamos mi tía Inma, mis padres (Mamen y Pepe), mi hermano Guille y un servidor. 

Ubicación de Pelechuco
Ante de nada, decir que debido a la inaccesibilidad del lugar y de la casi inexistencia de información sobre la zona (no existían ni mapas), se hace completamente necesario contratar los servicios de un guía como hicimos nosotros. Desconocemos si ahora hay más información al respecto.

Apolobamba es un macizo de la Cordillera Real. Es un lugar completamente inhóspito, alejado de toda civilización. Allí únicamente encontraremos el pequeño pueblo de Pelechuco, que es el inicio y el final del trekking. En Pelechuco habitan unas 6.000 personas, y la verdad es que sorprende mucho la cantidad de gente que vive allí después de recorrer en coche durante horas y horas  solitarias pistas de tierra que solo nos hacen pensar que vamos hacia el fin del mundo. 

El trekking tuvo una duración de 6 días y 5 noches. No puedo decir datos sobre tiempos, distancias y desniveles de cada jornada porque no recuerdo esa información. Puedo decir que todo el trekking discurre entre 3.000 y 5.000 m de altitud, pasando por 2 collados que superan los 5.000 m por poco. Cada jornada fue entre 6 y 10 horas andando aproximadamente, y en alguna de ellas recorrimos casi 30 km. No tiene dificultad técnica, la dificultad es la altura. Aunque nosotros ya llevábamos una semana en Bolivia haciendo turismo "normal" entre 3.800 y 5.000 m, por lo que la aclimatación que llevábamos era buena.
A continuación pinto en rojo el recorrido aproximado y los 5 campamentos sobre un croquis que encontramos en la guía "Trekking in Bolivia, a Traveler´s Guide"




Además encontramos algo de información en la guía "Trekking y alpinismo en los Andes, 26 treks de aventura en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela"


Viaje a Pelechuco

Amanece en La Paz, y amanece todo blanco. Una copiosa nevada durante la noche ha colapsado la ciudad. Llegan a recogernos la empresa de guías de Alain Mesili. Bajamos a la calle y nos encontramos el "Andes Express". Aún no ha empezado el trekking y ya estamos alucinando. El Andes Express es una especie de camión-autobús que tendría por lo menos 30 años. ¡Cómo mola!
Cargamos el material al camión, nos subimos y empieza la aventura. ¿Llegaremos hoy a Pelechuco?






Dentro del camión el frío es notable. Allí los vehículos no suelen disponer de las comodidades que tenemos aquí. Tenemos que taparnos con mantas mientras por la ventanilla el paisaje es sencillamente maravilloso. La carretera se acaba en pocos kilómetros. Casi todo el camino es por pistas de tierra, terreno por el cuál el camión se mueve en su salsa.



Las pistas pasan por el pie de glaciares alucinantes
Llegamos a Pelechuco en unas 8 horas de viaje, pero que no serían más de 250 km. En Bolivia las distancia entre dos puntos hay que medirlas por horas, no por kilómetros. En Pelechuco pasamos la noche en el único hotel que hay. A ninguno de los cinco se nos ocurre meternos dentro de la cama. Nos parece mucho más higiénico dormir encima con nuestros sacos de dormir.

Día 1:

Amanece en Pelechuco, y ya nos están esperando el guía (Ignacio), la cocinera (la señora Doña Elvira), el llamero (Ceferino, con su mujer y su hijo), y 17 llamas. Cuando vimos tal rebaño de llamas todos pensamos "qué exageración". Pues es que resulta que una llama no es como un burro, y únicamente puede cargar 7 kg cada animal. Es de lo más curioso ver como cargan a las llamas. Son animales semi-domésticos y no son tan dóciles como un caballo o un burro. No llevan riendas ni correa ni nada de nada. Mientras uno agarra de las orejas al animal, otro le coloca la carga en el lomo para atársela mediante una cuerda. 


Una vez cargadas las llamas empezamos el trekking, los primeros kilómetros por pistas de tierra. 

La parte inicial del trekking está dentro del Parque Nacional del Madidi. El Madidi es el área protegida con mayor biodiversidad tanto de flora como de fauna del mundo. Ahora nos encontramos en su parte alta, pero si bajamos por los profundos barrancos llegaríamos hasta la selva del amazonas, lugar de visita obligada en un viaje a Bolivia. 





Al final de la primera jornada empezó una débil nevada y la niebla se apoderó del paisaje. 

Nuestro campamento se componía de 2 tiendas para nosotros cinco, de una gran tienda comedor, y de la tienda cocina. En cuanto montamos el campamento las llamas quedan libres de su carga y desaparecen. La señora Doña Elvira se mete en su tienda cocina y allí se pasará la tarde cocinando unas cenas riquísimas, que no tienen precio en un lugar tan perdido como éste. 


El llamero y su hijo no hablan castellano, solo hablan quechua. Nos tenemos que entender con ellos mediante señas. La primera jornada nos nevó un poco, y fijaos en el calzado del llamero. 

Día 2:
Nos levantamos, desayunamos un espléndido desayuno y desmontamos el campamento. Mientras, el hijo del llamero ha ido a buscar a las llamas, que ¡a saber dónde están! Después de 20 minutos buscándolas con silbidos, aparecen a lo lejos. Con maña y paciencia cargan de nuevo a las 17 llamas. 





Una vez cargadas las llamas, empezamos la segunda jornada, ya por caminos fuera de pistas.




La segunda jornada es aún mejor que la primera. Aparecen glaciares por todos lados, da igual a dónde miremos. Y la pradera donde acampamos la segunda noche es maravillosa. Creo que nunca en mis 32 años de vida he acampado en un lugar tan espectacular, con un glaciar que se nos caía encima. Brutal.



Día 3:
Pero es a la mañana siguiente cuando con sol podemos disfrutar más aún de nuestro campamento de ensueño.



Uno de los fabulosos desayunos que nos preparaba Doña Elvira



Cómo cada mañana desmontamos campamento y continuamos nuestra aventura.


La tercera jornada quizás es la más bonita de todas. Cruzamos un collado muy alto (5.100 m aprox.)y vemos de frente el inmenso Chaupi Orco (6.044 m). La vista es indescriptible con palabras. 





Justo allí en el collado hay un lago helado, curiosísimo ver.




Hay un campamento minero por el que vamos a pasar. Nos parece increíble que aquí pueda vivir gente. 


Comiendo un plato de pasta a más de 5.000 m. ¡Una crack Doña Elvira!

Campamento minero
 Al llegar al campamento minero tengo sentimientos encontrados. Estamos en un lugar impresionante que muy poca gente en el mundo va a poder ver, venimos del otro lado del mundo a practicar mi hobbie, pero nos encontramos con unos niños viviendo en unas condiciones de pobreza absoluta, buscando pepitas de oro en el agua de un lago contaminado por mercurio. 





Poco después de pasar por el campamento minero llegamos al campamento 3 y 4, ya que aquí repetiremos noche. Estamos a las faldas del Chaupi Orco, y el lugar vuelve a ser de ensueño. El lugar se llama Laguna Celeste o Soral, a 4.150 m de altitud.





Día 4:
En la cuarta jornada, únicamente con el guía (ya que todo el campamento se quedará montado para la siguiente noche), subimos por la morrena del glaciar hasta donde se instala el Campo 1 (5.050 m) para ascender al Chaupi Orco. 







Da igual donde miremos, no podemos dejar de alucinar. Entre la subida al Campo 1 y la bajada ya hemos echado la jornada, y disfrutamos de una agradable tarde en nuestro campamento.

La señora Doña Elvira preparando una exquisita cena
Día 5:
Ya hemos alcanzado el punto más lejano del trekking, y ahora empezamos a volver hacia Pelechuco, pero por otro camino. Casi todo el camino de vuelta se realiza por pistas de tierra, que son las que utilizan los mineros para acceder a los diferentes campamentos mineros con sus  4x4. La vuelta es una gran pateada que se hace algo pesada.



Último campamento


Día 6:
El último día sí que repetimos camino, para volver hasta Pelechuco. Igual que el día anterior, la pateada se hace larga y pesada, pero finalizamos el trekking con gran satisfacción.




Al llegar a Pelechuco nos encontramos con una gran fiesta. Son las fiestas patronales y hay un evento de disfraces, caballos y música en la plaza del pueblo, abarrotada de gente. Nos sentamos a disfrutar del espectáculo, mientras nos damos cuenta de que somos los únicos gringos del pueblo. Todos nos miran como diciendo "¿qué se les habrá perdido a éstos por aquí?"




Y hasta aquí nuestra pequeña aventura en el macizo de Apolobamba. Totalmente inolvidable.

¡Nos vemos en el monte!


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