viernes, 5 de junio de 2020

Día Mundial del Medio Ambiente (reflexión)

Hoy 5 de junio es el Día Mundial del Medio Ambiente. Y aprovecho esta ocasión para compartir mi reflexión personal. 



Y es que durante los últimos años parece que cada día es el Día Mundial o Internacional de algo (Día de la Tierra, de lucha contra el cáncer de mama, día del autismo, día de la igualdad de género, etc.). Y mucha gente pensará, qué tontería esto de hacer un día para cada cosa.  Pues no es ninguna tontería, el único objetivo es crear conciencia en la sociedad sobre algún tema concreto que debería tener cierta importancia en nuestras vidas. Y aunque solo sea durante un día al año, que ese tema tenga un poco más de visibilidad en los medios de comunicación, redes sociales y campañas de concienciación, ya es todo un éxito.

Por supuesto que no todos los Días de algo son igual de relevantes. Cada uno tiene su escala de prioridades, pero al menos para mí, el Día Mundial del Medio Ambiente es uno de los más importantes. 

Una breve y reducida definición de medio ambiente sería el conjunto de circunstancias o factores físicos, biológicos y abióticos que rodean a los seres vivos e influyen en su desarrollo y comportamiento. Es decir, incluye todas las relaciones que el ser humano tiene con el medio que nos rodea. No es simplemente el "campo" o la naturaleza como muchos urbanitas podrían pensar. Y el ser humano es el actor que más capacidad tiene para modificar e intervenir el medio que nos rodea, pero desgraciadamente lo estamos haciendo muy mal, y estamos perjudicando gravemente al medio con nuestra actividad humana. El medio ambiente nos afecta a todos y forma parte de todo lo que hacemos en nuestra vida ya sea directa o indirectamente, por ello no podemos mirar hacia otro lado, ¡debemos actuar ya! ¡Por eso es tan importante el Día Mundial de Medio Ambiente!


Cualquiera que haya estudiado poblaciones de animales conoce perfectamente que toda población tiene unos niveles óptimos de densidad, y que si se superan esos niveles (sobrepoblación) el alimento y agua empezará a escasear, la relaciones entre individuos serán más tensas, las defensas se reducirán y con una alta probabilidad llegará una enfermedad que regulará la población hasta alcanzar de nuevo niveles óptimos. Todo esto está muy estudiado en las poblaciones cinegéticas, o en las piscifactorías. 

Y precisamente la terrible situación sanitaria que estamos viviendo en esos días, quizás es resultado de la excesiva presión que hacemos los seres humanos sobre la madre naturaleza. Somos muchos millones de personas en el planeta, y muchas de ellas vivimos con un nivel de vida muy alto, y en otro países en vías de desarrollo luchan día a día por acercarse al nivel de vida de los países ricos. Cada vez somos más, exigiendo más recursos a la Tierra. Y hasta aquí hemos llegado, ha aparecido una enfermedad nueva que ha puesto en jaque a todo el mundo. 

¿Ha sido una especie de castigo de la Tierra? ¿Ha sido una regulación natural de la población? Pues igual sí, o igual no, es imposible saberlo.

  Pero sin duda el planeta ha respirado un poco durante estos 3 meses de parón de actividad humana, y nuestro comportamiento, en parte, también ha cambiado (aunque haya sido forzosamente). Y ahora tenemos una oportunidad única para cambiar algunos pequeños hábitos de nuestra vida, que irán en beneficio del medio ambiente, y por lo tanto de todos nosotros. No estoy hablando de austeridad, simplemente de reducir un poco nuestro nivel de consumo, y de hacer algunos pequeños cambios. Algunos a nivel individual, otros deberán ser a nivel de sociedad.

Por ejemplo, el teletrabajo en España ha entrado de forma forzosa (en muchos países de Europa era ya muy habitual, pero no en el nuestro). Y se ha demostrado que una cantidad inmensa de trabajadores pueden realizar perfectamente su trabajo desde casa. El teletrabajo es la fórmula perfecta para reducir emisiones y además favorecer la conciliación familiar. Aprovechémoslo para mejorar como sociedad. 

También los desplazamientos en bicicleta han aumentado exponencialmente. Tanto de gente para hacer deporte (al estar los gimnasios cerrados) como para utilizarlo como medio de transporte evitando el transporte público. Es genial, ojalá las ciudades españolas se adapten y acostumbren al uso de la bici al igual que ocurre en otras muchas ciudades europeas. 

Además nos hemos dado cuenta, después del confinamiento que hemos tenido, que con muy poquito se puede ser feliz. Por ejemplo, nos hemos dado cuenta del inmenso valor que tiene dar un simple paseo por el parque con familiares o  amigos. Podemos y debemos aprender a disfrutar de las pequeñas cosas. Para nuestro tiempo de ocio no es necesario consumir productos y servicios como quizás hacíamos antes. ¡Que no se nos olvide que las cosas importantes de la vida no son cosas!

He enumerado simplemente 3 pequeñas cosas que creo que serían relativamente sencillas de asimiliar tanto a nivel individual como de sociedad, y en cambio el beneficio ambiental sería inmenso. 

Y a ti, ¿qué cambios se te ocurre que podríamos realizar?



Y hasta aquí la reflexión. ¡Nos vemos en el monte!


sábado, 23 de mayo de 2020

Cerro de San Pedro, reencuentro con la montaña tras 70 días confinado

Después de 70 días de confinamiento he tenido la fortuna de poder salir a disfrutar durante unas horas de la montaña y la naturaleza. No he hecho ninguna actividad destacable en cuanto a altura, dificultad o esfuerzo físico. Pero la experiencia ha sido absolutamente maravillosa, y por ello os la quiero contar.

Desde el pasado lunes 18 de mayo los federados en montaña tenemos la gran suerte de poder desplazarnos por toda la provincia para realizar actividad deportiva, aunque estemos en fase 0 y 1.  Eso sí, siempre dentro delas franjas horarias, desde que salimos hasta que volvemos a casa. Medida que agradecemos infinitamente los federados pero que por otro lado me parece súper injusta. Lo único que me diferencia a mí de cualquier otro montañero que no está federado es que yo he pagado la licencia federativa este año. Ello no me hace ser mejor montañero, pero sin embargo sí tengo más derechos...No lo entiendo.

Así que a pesar de la injusticia, decidí hacer uso de mi privilegio de federado. El sábado sí o sí me iba a dar una vuelta rápida por la sierra. Se lo dije a mi padre (también federado), pero dijo: uff, madrugón y luego a las 10 ya hay que estar en Madrid...mejor esperamos a la semana que viene que con el cambio de fase será más sencillo. 

Bueno pues resulta que ya no podía esperar más, llevamos 70 días esperando. Nos pasamos la vida esperando a que sucedan cosas fugaces. Esperamos toda la semana a que llegue el fin de semana, esperamos todo el año que lleguen las vacaciones de verano. Esperar, esperar y venga esperar. Pues yo no podía esperar más, y iba a utilizar este privilegio que tengo como federado. Además, como decía mi abuelo: lo peor que se puede tener en esta vida es PEREZA.

6:00 am
Salgo de casa, me monto en el coche, pongo "la lista de Pablo" en Spotify y la primera canción en sonar es "Voy a pasármelo bien" de Hombres G. El día promete. 

Llego al aparcamiento del Cerro de San Pedro a las 6:40 am. No hay ningún coche. Y medio aparcamiento ha desaparecido, lo ha colonizado la vegetación. Salgo del coche sin mascarilla (la primera vez en 70 días ¡qué estoy al aire libre sin mascarilla!). Sólo la sensación de estar respirando aire limpio y sin mascarilla ya es de libertad, es diferente, es...¡una pasada!


Empiezo a subir por la ruta normal. Ya ha amanecido, pero aún no ha salido el sol. Estoy justo en lo que se conoce en fotografía como "la hora mágica", que es media hora antes y media hora después de la salida y puesta del sol. En ese momento la luz es mágica.


Y yo estoy subiendo una montaña, en soledad absoluta, con una luz mágica viendo como poco a poco el sol gana terreno a la noche. El campo está lleno de flores, son praderas de flores. Unas moradas, otras blancas, otras amarillas. Huele a cantueso y a tomillo. Se escuchan decenas de pájaros, y de insectos. Son todo sensaciones que llevaba mucho tiempo sin sentir. La vegetación se está comiendo los caminos por el nulo tránsito de seres humanos.  A lo lejos veo el embalse de Santillana rebosante de agua. Y al lado La Pedriza, y detrás La Maliciosa, Bola del Mundo, Valdemartín, Cabezas de Hierro, Bailanderos, Asomaté Hoyos, La Najarra, el Mondalindo...¡Lo veo todo! Y me parecen montañas mucho más grandes e imponentes que hace 2 meses. Y me parecen mucho más bonitas. ¡Qué bonita es la Sierra de Guadarrama! Y sólo a 45 min en coche de Madrid. ¡No somos conscientes del tesoro que tenemos lo madrileños!





Y con esos pensamientos en 35 minutos alcanzo la cima del Cerro de San Pedro, totalmente solo. ¡Hoy esta montaña es mía! Al llegar a la cima (7:15 am) el sol ya ha salido. Disparo un montón de fotos, quiero captar este momento para el futuro.  Al poco rato llegan otros 3 montañeros. Charlamos un rato sobre lo afortunados que somos al estar federados. 


Antes de las 10:00 tengo que estar de vuelta en casa, pero aún voy bien de tiempo. Me siento y contemplo el paisaje durante unos minutos más. El sol ya ha levantado sobre el horizonte y después de lo que he visto me sabe a poco. Hasta la siguiente hora mágica (al anochecer) mis vistas no van a mejorar. Así que bajo hacia el coche, medio corriendo. Durante la bajada me cruzo con una docena de personas, otros privilegiados como yo.  



Con una sonrisa de oreja a oreja vuelvo a Madrid y a las 9:00 am estoy entrando en casa, y Paula aún sigue durmiendo. 

Y ahora me pregunto yo: ¿Por qué la gente está tan ansiosa de que abran los bares, las terrazas, las discotecas y los centros comerciales? Insisto, los madrileños no sabemos el tesoro que tenemos con nuestra sierra.

Y hasta aquí la entrada de hoy. ¡Nos vemos pronto, en el monte!





miércoles, 20 de mayo de 2020

Compañeros de cordada (relato corto)

Queridos lectores, hoy publicamos una nueva entrada, un poquito diferente de nuestro contenido habitual. Se trata de un relato corto, que ha escrito mi amiga Lucía de la Fuente (que por cierto, os invito a conocer su blog de literatura El Baúl de los Remiendos, que merece mucho la pena visitar y  leer algunos de sus relatos y poesías). Ella ha desarrollado y dado forma literaria a una idea que le di, que tiene lugar en el Aneto. La historia y los personajes son ficticios, pero con inspiración en una cordada de montañeros de avanzada edad que conocí en la cima de la Torre de los Horcados Rojos (Picos de Europa).

El relato lo hemos presentado a la VI Convocatoria del Concurso de Desnivel de Relatos Cortos de Montaña. Ahora lo compartimos con todos vosotros esperando que os guste y que disfrutéis de su lectura. 


Compañeros de cordada

    Aún no ha amanecido y las linternas frontales de decenas de montañeros adornan las faldas del imponente Aneto con un hilo de titilantes luces. Es 8 de julio y probablemente más de 100 personas pisarán hoy la cima de esta montaña. Para algunos será su primera vez, pero con experiencia o sin ella, todos tienen ese nerviosismo y la ilusión que siempre acompañan en una ascensión así. Y es que sin duda, el Aneto es el Rey del Pirineo. Es la cima más alta, tiene el glaciar más grande y es el pico que marca un antes y un después para cualquier montañero y amante de los Pirineos.

Aneto y su glaciar desde La Maladeta Oriental

    Aún no ha despertado el día y Fausto, ingeniero de montes ya jubilado y montañero experimentado, apaga el despertador a las 4:30 de la mañana, aunque lo cierto es que llevaba despierto ya más de media hora. Incluso para él, que repite este ascenso todos los años, resulta difícil conciliar el sueño la noche anterior.

    Fausto y Santiago se conocieron durante su servicio militar en Vitoria en 1969.Tras confesarse ese amor en común que ambos sentían por la montaña, en 1972 hicieron su primera ascensión al Aneto juntos como compañeros de cordada, y recordar las condiciones en las que lo hicieron supone, cuanto menos, hacer un auténtico viaje en el tiempo. Durante casi 50 años han compartido mucho más que una cuerda: han sufrido en las alturas y han mirado a la muerte de frente, pero también han saboreado juntos la gloria de hollar grandes cimas.

    Aquel primer ascenso al Aneto se convirtió pronto para ambos en algo más que una tradición que todos los años preparaban juntos para el mes de mayo, dado que la experiencia con esquí de montaña es mucho más gratificante que alcanzar la cima caminando en pleno verano. Pero desde hacía ya 7 años tuvieron que cambiar la fecha de su cita al mes de julio y subir a pie a través de su glaciar y sus eternas pedreras. A Fausto le dolía ver cómo los años se habían cebado con sus rodillas mientras que el Aneto permanecía allí, impasible al paso del tiempo.

    Respira, se prepara y como cada año, da comienzo la larga ascensión desde La Besurta.

    Santiago era muy testarudo. A pesar del fatal diagnóstico del médico, él se empeñó en no faltar a su cita anual por mucho que Fausto insistiera en no subir a la montaña este año.

-          -  Santiago, hay millones de cimas esperándonos con los brazos abiertos. Este año puede ser cualquier otra, no tiene que ser necesariamente el Aneto.- Le proponía Fausto.

-          -  Aunque lo tengas que hacer tú por los dos, el Aneto no puede echarnos de menos.

    Y así, entre recuerdo y recuerdo, le van ganando metros al camino hasta pasar el refugio de La Renclusa.

    Amanece. Fausto apaga la linterna frontal y observa cómo los rayos de sol le han quitado el sitio a la noche y ya iluminan los Picos Malditos. Mira la gran rampa que tienen por delante y hoy por primera vez en su vida le parece eterna. Como si le faltara la mitad de su cordada. Poco a poco van enlazando zetas mientras observa cómo jóvenes montañeros les toman ventaja a un paso mucho más vivo. Con mucho esfuerzo, y empleando mucho más tiempo de lo que en él es habitual, alcanzan el Portillón Superior.

    A lo lejos se vislumbra el imponente y siempre elegante Aneto, pero con su glaciar cada vez más mermado.

-          -Si te hubieran conocido cuando lo hice yo… - Murmura Fausto con tristeza. Sus palabras son inaudibles para los demás. Sólo la montaña es testigo de su lamento.- En fin. Deberíamos seguir.

    Pero Fausto prefiere disfrutar de la visión durante unos instantes más, con la misma ilusión con la que lo hizo hace más de 40 años. Numerosos montañeros les adelantan mientras el viejo espera aún un momento. No quiere dejar de mirarlo mientras una cautelosa lágrima se le escapa de los ojos.

    Sabe que no puede seguir. Es un esfuerzo demasiado grande que hoy por primera vez en su vida no va a poder afrontar. Una máxima de la seguridad en la montaña es que si no se dan las condiciones, es mejor renunciar a la cima y volver en otra ocasión, porque la montaña seguirá estando ahí. Y Fausto lo sabe. Lo que también augura es que quizás sea él quien nunca más pueda volver a subir hasta la cumbre. Disfrutará de otras montañas más modestas, de paseos por los bosques y valles, pero los achaques a sus 77 años probablemente no le dejarán alcanzar la cima del Rey nunca más. En silencio, echa un último vistazo a su querido Aneto y antes de dar media vuelta para emprender su descenso saca una antigua fotografía del bolsillo derecho de su pantalón.

-              - Juntos, como siempre. Pero este año me ha faltado tu mitad, compañero.

    Fausto emprende el camino de vuelta en solitario, como lo hará a partir de ahora todos los años que a él le queden, aunque ya nunca más en su amado Aneto.




sábado, 16 de mayo de 2020

Montaña y COVID-19. Opinión personal.

Buenas tardes queridos lectores.
Hoy vuelvo con otra reflexión sobre algunas de las medidas que se están tomando en la desescalada de esta gran crisis sanitaria, y que están agitando mucho las redes sociales del mundillo montañero.



Primero un breve resumen del contexto actual:

Resulta que en los municipios que ya hayan tenido la suerte de pasar a la fase 1, se pueden hacer reuniones de hasta 10 personas en domicilios particulares, se puede salir del municipio de residencia para ir a una instalación deportiva de otro municipio (polideportivo por ejemplo) y se puede ir a una terraza de un bar con el aforo limitado (incluso de otro municipio).

Pero resulta que no puedo ir a otro municipio para hacer senderismo, escalar, montar en bici o practicar otro deporte de montaña, aunque vaya en solitario. Sin embargo si contrato los servicios de un guía o de una empresa de turismo activo activo sí que puedo.

Y segundo, mi opinión personal:

Seguramente yo de forma habitual paso mucho más tiempo libre en el monte que en mi casa, pero entiendo que si por una cuestión de seguridad de nuestra salud debemos esperar algunas semanas más para salir al monte, pues podremos esperar.

Pero no tiene ningún sentido que yo espere para salir al monte cuando se permite una barbacoa de 10 amigos en un jardín particular, cuando esas personas habrán estado con otras 10 el día anterior y el anterior. 

Tampoco tiene ningún sentido que se permita acudir a la montaña a un cliente que ha contratado los servicios de un guía y sin embargo a un montañero que va por libre no pueda ir.  En este caso el argumento es que hay que reactivar la economía, y los guías viven de ello. ¿Pero entonces es un criterio de seguridad de nuestra salud o es puramente  económico? De alguna forma ¿ Se está limitado la montaña a los más pudientes? ¿Quién dispone de 200€ para pagar un guía tiene más derecho que el que no los tiene para subir al Aneto esta primavera? (Estoy suponiendo que ambas personas viven en un municipio en fase 1, y dentro de la misma provincia que el Aneto).

Esperemos que muy pronto podamos volver a disfrutar TODOS de las montañas y aunque algunas normas a veces nos parezcan absurdas, por favor vamos a respetarlas, es la única forma de salir de ésta.

¡Nos vemos pronto, en el monte!

Si quieres puedes dejar un comentario.




domingo, 3 de mayo de 2020

Trekking en Apolobamba (Bolivia)

#YoMeQuedoEnCasa

Queridos lectores, continuamos desde casa actualizando el blog. Si no podemos ir a las montañas, pues traemos las montañas a casa. No es lo mismo, pero al menos conseguimos viajar durante unos minutos y salir de nuestras pequeñas casas para sumergirnos en la inmensidad de las montañas.


Hoy os contamos nuestra experiencia de trekking en el macizo de Apolobamba (Bolivia). Se trata de un viaje que realizamos en julio de 2007. Esta actividad la realizamos hace 13 años, por lo que no puedo dar demasiada información veraz. Aportaré los datos que recuerde, y eso si, aportaré un buen reportaje fotográfico de todo el trekking. El trekking lo realizamos mi tía Inma, mis padres (Mamen y Pepe), mi hermano Guille y un servidor. 

Ubicación de Pelechuco
Ante de nada, decir que debido a la inaccesibilidad del lugar y de la casi inexistencia de información sobre la zona (no existían ni mapas), se hace completamente necesario contratar los servicios de un guía como hicimos nosotros. Desconocemos si ahora hay más información al respecto.

Apolobamba es un macizo de la Cordillera Real. Es un lugar completamente inhóspito, alejado de toda civilización. Allí únicamente encontraremos el pequeño pueblo de Pelechuco, que es el inicio y el final del trekking. En Pelechuco habitan unas 6.000 personas, y la verdad es que sorprende mucho la cantidad de gente que vive allí después de recorrer en coche durante horas y horas  solitarias pistas de tierra que solo nos hacen pensar que vamos hacia el fin del mundo. 

El trekking tuvo una duración de 6 días y 5 noches. No puedo decir datos sobre tiempos, distancias y desniveles de cada jornada porque no recuerdo esa información. Puedo decir que todo el trekking discurre entre 3.000 y 5.000 m de altitud, pasando por 2 collados que superan los 5.000 m por poco. Cada jornada fue entre 6 y 10 horas andando aproximadamente, y en alguna de ellas recorrimos casi 30 km. No tiene dificultad técnica, la dificultad es la altura. Aunque nosotros ya llevábamos una semana en Bolivia haciendo turismo "normal" entre 3.800 y 5.000 m, por lo que la aclimatación que llevábamos era buena.
A continuación pinto en rojo el recorrido aproximado y los 5 campamentos sobre un croquis que encontramos en la guía "Trekking in Bolivia, a Traveler´s Guide"




Además encontramos algo de información en la guía "Trekking y alpinismo en los Andes, 26 treks de aventura en Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela"


Viaje a Pelechuco

Amanece en La Paz, y amanece todo blanco. Una copiosa nevada durante la noche ha colapsado la ciudad. Llegan a recogernos la empresa de guías de Alain Mesili. Bajamos a la calle y nos encontramos el "Andes Express". Aún no ha empezado el trekking y ya estamos alucinando. El Andes Express es una especie de camión-autobús que tendría por lo menos 30 años. ¡Cómo mola!
Cargamos el material al camión, nos subimos y empieza la aventura. ¿Llegaremos hoy a Pelechuco?






Dentro del camión el frío es notable. Allí los vehículos no suelen disponer de las comodidades que tenemos aquí. Tenemos que taparnos con mantas mientras por la ventanilla el paisaje es sencillamente maravilloso. La carretera se acaba en pocos kilómetros. Casi todo el camino es por pistas de tierra, terreno por el cuál el camión se mueve en su salsa.



Las pistas pasan por el pie de glaciares alucinantes
Llegamos a Pelechuco en unas 8 horas de viaje, pero que no serían más de 250 km. En Bolivia las distancia entre dos puntos hay que medirlas por horas, no por kilómetros. En Pelechuco pasamos la noche en el único hotel que hay. A ninguno de los cinco se nos ocurre meternos dentro de la cama. Nos parece mucho más higiénico dormir encima con nuestros sacos de dormir.

Día 1:

Amanece en Pelechuco, y ya nos están esperando el guía (Ignacio), la cocinera (la señora Doña Elvira), el llamero (Ceferino, con su mujer y su hijo), y 17 llamas. Cuando vimos tal rebaño de llamas todos pensamos "qué exageración". Pues es que resulta que una llama no es como un burro, y únicamente puede cargar 7 kg cada animal. Es de lo más curioso ver como cargan a las llamas. Son animales semi-domésticos y no son tan dóciles como un caballo o un burro. No llevan riendas ni correa ni nada de nada. Mientras uno agarra de las orejas al animal, otro le coloca la carga en el lomo para atársela mediante una cuerda. 


Una vez cargadas las llamas empezamos el trekking, los primeros kilómetros por pistas de tierra. 

La parte inicial del trekking está dentro del Parque Nacional del Madidi. El Madidi es el área protegida con mayor biodiversidad tanto de flora como de fauna del mundo. Ahora nos encontramos en su parte alta, pero si bajamos por los profundos barrancos llegaríamos hasta la selva del amazonas, lugar de visita obligada en un viaje a Bolivia. 





Al final de la primera jornada empezó una débil nevada y la niebla se apoderó del paisaje. 

Nuestro campamento se componía de 2 tiendas para nosotros cinco, de una gran tienda comedor, y de la tienda cocina. En cuanto montamos el campamento las llamas quedan libres de su carga y desaparecen. La señora Doña Elvira se mete en su tienda cocina y allí se pasará la tarde cocinando unas cenas riquísimas, que no tienen precio en un lugar tan perdido como éste. 


El llamero y su hijo no hablan castellano, solo hablan quechua. Nos tenemos que entender con ellos mediante señas. La primera jornada nos nevó un poco, y fijaos en el calzado del llamero. 

Día 2:
Nos levantamos, desayunamos un espléndido desayuno y desmontamos el campamento. Mientras, el hijo del llamero ha ido a buscar a las llamas, que ¡a saber dónde están! Después de 20 minutos buscándolas con silbidos, aparecen a lo lejos. Con maña y paciencia cargan de nuevo a las 17 llamas. 





Una vez cargadas las llamas, empezamos la segunda jornada, ya por caminos fuera de pistas.




La segunda jornada es aún mejor que la primera. Aparecen glaciares por todos lados, da igual a dónde miremos. Y la pradera donde acampamos la segunda noche es maravillosa. Creo que nunca en mis 32 años de vida he acampado en un lugar tan espectacular, con un glaciar que se nos caía encima. Brutal.



Día 3:
Pero es a la mañana siguiente cuando con sol podemos disfrutar más aún de nuestro campamento de ensueño.



Uno de los fabulosos desayunos que nos preparaba Doña Elvira



Cómo cada mañana desmontamos campamento y continuamos nuestra aventura.


La tercera jornada quizás es la más bonita de todas. Cruzamos un collado muy alto (5.100 m aprox.)y vemos de frente el inmenso Chaupi Orco (6.044 m). La vista es indescriptible con palabras. 





Justo allí en el collado hay un lago helado, curiosísimo ver.




Hay un campamento minero por el que vamos a pasar. Nos parece increíble que aquí pueda vivir gente. 


Comiendo un plato de pasta a más de 5.000 m. ¡Una crack Doña Elvira!

Campamento minero
 Al llegar al campamento minero tengo sentimientos encontrados. Estamos en un lugar impresionante que muy poca gente en el mundo va a poder ver, venimos del otro lado del mundo a practicar mi hobbie, pero nos encontramos con unos niños viviendo en unas condiciones de pobreza absoluta, buscando pepitas de oro en el agua de un lago contaminado por mercurio. 





Poco después de pasar por el campamento minero llegamos al campamento 3 y 4, ya que aquí repetiremos noche. Estamos a las faldas del Chaupi Orco, y el lugar vuelve a ser de ensueño. El lugar se llama Laguna Celeste o Soral, a 4.150 m de altitud.





Día 4:
En la cuarta jornada, únicamente con el guía (ya que todo el campamento se quedará montado para la siguiente noche), subimos por la morrena del glaciar hasta donde se instala el Campo 1 (5.050 m) para ascender al Chaupi Orco. 







Da igual donde miremos, no podemos dejar de alucinar. Entre la subida al Campo 1 y la bajada ya hemos echado la jornada, y disfrutamos de una agradable tarde en nuestro campamento.

La señora Doña Elvira preparando una exquisita cena
Día 5:
Ya hemos alcanzado el punto más lejano del trekking, y ahora empezamos a volver hacia Pelechuco, pero por otro camino. Casi todo el camino de vuelta se realiza por pistas de tierra, que son las que utilizan los mineros para acceder a los diferentes campamentos mineros con sus  4x4. La vuelta es una gran pateada que se hace algo pesada.



Último campamento


Día 6:
El último día sí que repetimos camino, para volver hasta Pelechuco. Igual que el día anterior, la pateada se hace larga y pesada, pero finalizamos el trekking con gran satisfacción.




Al llegar a Pelechuco nos encontramos con una gran fiesta. Son las fiestas patronales y hay un evento de disfraces, caballos y música en la plaza del pueblo, abarrotada de gente. Nos sentamos a disfrutar del espectáculo, mientras nos damos cuenta de que somos los únicos gringos del pueblo. Todos nos miran como diciendo "¿qué se les habrá perdido a éstos por aquí?"




Y hasta aquí nuestra pequeña aventura en el macizo de Apolobamba. Totalmente inolvidable.

¡Nos vemos en el monte!


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